Última etapa. Esta vez jugamos en casa. Es la travesía que hemos hecho centenares de veces.
En Palma, el embat fue fiel a la cita. Recorrido costero con dos traveses y ceñida rumbo a punta de Cala Figuera y luego hasta Dragonera. Cerramos el grupo detrás de Gaes y Lechera.
Es llegando a Dragonera donde cambia el escenario: ceñimos a buena velocidad y poco a poco nos parece ver al grupo de delante más cerca: comprobamos la pantalla del navegador y vemos que los demás barcos, al alejarse del islote, pierden rápidamente velocidad.
Decidimos aprovechar el efecto térmico y bordear Dragonera apurando la sonda.
Venir por detrás a veces tiene alguna ventaja.
Encadenamos varias viradas, el viento baja también para nosotros. Cali sube a la perilla del palo para escudriñar el horizonte en busca de rachas de viento.
Es llegando a Dragonera donde cambia el escenario: ceñimos a buena velocidad y poco a poco nos parece ver al grupo de delante más cerca: comprobamos la pantalla del navegador y vemos que los demás barcos, al alejarse del islote, pierden rápidamente velocidad.
Decidimos aprovechar el efecto térmico y bordear Dragonera apurando la sonda.
Venir por detrás a veces tiene alguna ventaja.
Encadenamos varias viradas, el viento baja también para nosotros. Cali sube a la perilla del palo para escudriñar el horizonte en busca de rachas de viento.
El Lechera se va a mar; Safran, Estrella, Movistar y Gaes a tierra; mientras que PRB, W y Pakea optamos por una derrota intermedia.
Navegamos muy juntos, en un puño. Durante unos minutos el mar parece una balsa de aceite, afortunadamente acaba entrando un SW muy suave. Spis arriba. La flota se parte en dos, el grupo de tierra puede navegar más a rumbo; los demás no tenemos mas remedio que orzar buscando presión en las velas. Poco a poco la distancia lateral aumenta.
Oscurece y perdemos contacto visual. Tormenta por proa. El viento arrecia, tomamos un rizo y pasamos de génova a solent. Las nubes tormentosas pueden decidir una regata: llevan viento asociado, y en esta noche de calmas pueden significar diferencias importantes
Al rato caemos en una encalmada. Llegamos a pararnos por completo.
Con el amanecer vuelve el viento y navegamos primero con asimétrico, para pasar luego al spi. Sospechamos que en la encalmada, el grupo delantero se habrá distanciado.
Avistamos el spi rojo del Lechera por la amura de babor y luego, al acercarnos a tierra recibimos una llamada que nos comunica que vamos por delante del Gaes. Esto nos motiva más si cabe.
El viento amaina y la corredera baja de forma preocupante. Enseguida pensamos en el garbí, el viento térmico de la costa catalana. Estamos cerca de su área de influencia. El “routage” meteorológico daba más viento al este, pero ya no podemos recolocarnos y optamos por acercarnos a tierra y confiar nuestra suerte al garbí.
Navegamos muy juntos, en un puño. Durante unos minutos el mar parece una balsa de aceite, afortunadamente acaba entrando un SW muy suave. Spis arriba. La flota se parte en dos, el grupo de tierra puede navegar más a rumbo; los demás no tenemos mas remedio que orzar buscando presión en las velas. Poco a poco la distancia lateral aumenta.
Oscurece y perdemos contacto visual. Tormenta por proa. El viento arrecia, tomamos un rizo y pasamos de génova a solent. Las nubes tormentosas pueden decidir una regata: llevan viento asociado, y en esta noche de calmas pueden significar diferencias importantes
Al rato caemos en una encalmada. Llegamos a pararnos por completo.
Con el amanecer vuelve el viento y navegamos primero con asimétrico, para pasar luego al spi. Sospechamos que en la encalmada, el grupo delantero se habrá distanciado.
Avistamos el spi rojo del Lechera por la amura de babor y luego, al acercarnos a tierra recibimos una llamada que nos comunica que vamos por delante del Gaes. Esto nos motiva más si cabe.
El viento amaina y la corredera baja de forma preocupante. Enseguida pensamos en el garbí, el viento térmico de la costa catalana. Estamos cerca de su área de influencia. El “routage” meteorológico daba más viento al este, pero ya no podemos recolocarnos y optamos por acercarnos a tierra y confiar nuestra suerte al garbí.
A la altura de Mataró, el viento cae hasta 3-4 nudos. Somos conscientes que aquí perdemos todas nuestras opciones. Por la tarde volverá ha reforzarse pero la ventaja será muy difícil de recuperar…
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