jueves, 24 de junio de 2010

MEDITERRÁNEO







Foto de Manuel Medir

El mediterráneo hace honor a su reputación: calmas y vientos de proa.

Cruzado el estrecho, nos adentramos en el mar de Alboran con dos opciones tácticas: mantenernos en la horizontal del estrecho para navegar con el flujo previsto de Levante, o la opción costera, más arriesgada: buscando una derrota más directa aprovechando los vientos térmicos que se establecen cerca de tierra.

Sin derivas y a sabiendas de la derrota que tomaba la mayoría de la flota, decidimos arriesgar y prolongamos el bordo hacia la costa. El bordo nos acerca a Gata y aunque el viento amaina progresivamente, sabemos que aún es pronto para el térmico.

A medida que avanza la mañana surgen las dudas pero la decisión esta tomada y vamos a fondo con ella. El térmico hará algún amago pero sin llegar nunca a establecerse. Poco a poco somos conscientes de que hemos caído en un pozo sin viento. Por la tarde-noche apenas soplan 4-5 nudos y a medianoche el viento llegará a desaparecer por completo, quedando el Pakea sin gobierno atravesado a un mar de fondo de un metro, presagio de un viento del este al que no podemos dar alcance.

El delicado estado de nuestra vela mayor nos obliga incluso a arriarla durante un par de horas para evitar daños mayores causados por el gualdrapeo de la vela.

Sin velas, balanceados por las olas, sabemos que probablemente la flota ha “tocado” ya el viento del este y navega a buena velocidad rumbo a Calpe. Experimentamos el sinsabor de las regatas.

Avanzada la madrugada, lograremos arrancar con un norte suave que arreciará con rapidez para establecerse en NE de 25-30 nudos en las proximidades del cabo de Gata. Rizamos e izamos la trinqueta por primera vez en esta vuelta a España. Navegamos con la quilla en crujía para reducir el abatimiento.

La ola del Este provoca que en el bordo de mar los pantocazos sean especialmente violentos. El Pakea tiembla de proa a popa con cada sacudida. Buscamos algo de protección navegando pegados a la costa. En la amura de estribord se adivina la silueta del cabo de Palos…

los delfines, único consuelo en las calmas:


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