La etapa empezaba con un recorrido costero entre las rias de Pontevedra y Vigo. Soplaba un viento del norte racheado que anunciaba un alisio consistente mar adentro. Través de ida y vuelta a la baliza del Cabezo, spis arriba y rumbo a la boya de desmarque dejando las Cies por estribord. El viento arrecia y llegan los primeros planeos; trasluchamos y damos alcance al Lechera Asturiana que arria su asimétrico para izar el spi. El viento se refuerza en mar abierto y la corredera flirtea con el 20 en las planeadas. El Lechera nos saca una milla por hora. Damos cuenta de la comida casera que hemos encargado en Sanxenxo: croquetas, tortilla de patatas...
Rizamos con 25 nudos de viento, la ola se va formando poco a poco: Es un auténtico placer coger el timón. Son las condiciones soñadas. Anotamos las velocidades máximas de cada guardia estableciendo así una sana competición entre la tripulación... y llega el susto: en una racha, después de forzar la arribada, al dar contratimón para retomar el rumbo, la caña se bloquea unos segundos que parecen eternos. Salvamos la trasluchada de puro milagro. No sabemos que ha podido pasar. Examinamos la timoneria con preocupación. A los cinco minutos vuelve a ocurrir, estamos jugando con fuego y arriamos spi para tratar de solucionar el problema. El Lechera desaparece entre la bruma.
La rótula de la caña del timón ha cogido juego y parece que al forzar la arribada, el eje de la caña y la rotula gripan bloqueando el movimiento del timón. Ideamos una arandela con lo más parecido al teflón que encontramos a bordo: unos paneles publicitarios pegados a cubierta lo suficientemente rígidos.
Una hora y media más tarde finalizamos la reparación de fortuna y con algo de desconfianza hizamos de nuevo el spi. Navegamos algo más apopados, paralelos a la costa portuguesa, para no forzar. Se respira tensión a bordo. Reducimos el tiempo de las guardias al timón.
Al anochecer, el viento se estabiliza en los 20 nudos y todo parece de nuevo bajo control.
Amanece al través de Lisboa y el viento se refuerza, la ola ha crecido durante la madrugada, y vamos pasados de trapo planeando por encima de los 20 nudos. Arriamos para izar el asimétrico grande; a media izada se abre: arriada de urgencia. Lo devolvemos como podemos al pañol de velas. Izamos asimétrico pequeño. Echamos en falta un spi pequeño para navegar más abiertos.
Trasluchamos y arrumbamos a Cabo San Vicente. El viento amaina, sacamos rizo y volvemos al spi. Cerca del cabo no encontramos la acceleración de viento esperada y trasluchamos de nuevo hacia alta mar.
El viento nos recompensa, la corredera empieza a subir y vuelven las planedas. Las millas caen a gran velocidad, trasluchamos de nuevo y vamos lanzandos hacia el estrecho con la esperanza que delante los barcos encuentren la zona de calmas anunciada y se produzca un “acordeón” (reagrupamiento de la flota)...
El viento calma a medianoche y la guardia de cubierta intenta arrañar algún nudo a la corredera...
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