miércoles, 16 de junio de 2010
CRÓNICA SANTANDER-GIJÓN
La buena noticia de esta segunda etapa ha sido nuestra progresión. Repetíamos condiciones (vientos de proa de 15-20 nudos y ola) y habíamos tomado buena nota de nuestros errores en la primera etapa. Vamos encontrando poco a poco el compromiso rumbo-velocidad en ceñida, trabajando sin descanso el trimaje y cazado de la vela mayor, aprendiendo...
La mala noticia, la perdida de nuestras derivas. Eramos muy conscientes de su fragilidad, sabíamos que eran el talón de Aquiles del Pakea. Reforzarlas era inviable y en el primer lugar en las listas de trabajo para Barcelona estaban unas derivas nuevas. Solo esperábamos que aguantaran la vuelta a España, pero han cedido antes de tiempo.
A pesar de este contratiempo, ya estamos deseando volver al mar y si encontramos condiciones de vientos portantes las derivas tendran menos incidencia.
La crónica:
Habíamos planteado la etapa con un bordo largo hacia mar abierto, hasta 15-20 millas de la costa buscando más viento y una previsible rolada de NW a NNW. El siguiente bordo debía acercarnos a Gijón.
Antes de la salida hicimos matossage. Esta palabra francesa significa mover el máximo peso posible a barlovento: velas, herramientas, intendencia... en definitiva, todo lo que se pueda mover. Después de cada virada se repite la operación, pasando todo ese peso a la banda contraria. Esto es especialmente cansado en los compartimentos de proa, donde hay que mover las velas de banda, pantocazo tras pantocazo.
Avanzaba la etapa, estábamos en la pelea con los otros barcos, navegando bien. Nos cruzaban por proa a poca distancia los que subían desde tierra. Estábamos haciendo un buen trabajo.
Apurábamos el bordo de tierra hasta Ribadesella, cuando de pronto oímos un ruido seco, poco después constatábamos que la deriva de babor se había partido. Después de la virada, aumentaban los chubascos, llevando el viento cerca de los 25 nudos en varias ocasiones. Oscurece. Sacamos el trozo de deriva roto. Pensamos en aprovechar la deriva de estribor entrándola del revés en el lado de babor.
De pronto, otro ruido, dentro también lo han oído. Nos tememos lo peor. Viramos y se confirma la sospecha. No podemos hacer nada. inclinar algo menos la quilla y llevar el barco más plano. En este último tramo es viento se abre un poco. Abrimos velas y el pakea acelera. Volamos hacia Gijón.
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